Destierran a los jesuitas de León

La idea de traer a los Jesuitas a León correspondía a la necesidad de desarrollo cultural, económico y social de León, para ello en Don Cristóbal de Aguilar y Ventosillo, uno de los hombres más ricos de la Villa, donó dos estancias de labor y campo y una de minas en el Real de Comanja como ayuda para convencer a los jesuitas.

Por otra parte, el padre Nicolás, hermano de Don Cristóbal, ofreció para su iglesia y colegio, cincuenta mil pesos para construirlos y trescientos marcos de plata para adornarlos. Además les regaló las haciendas de Loza de Arriba y Loza de Abajo (Por ello hoy se conoce como “Loza de los Padres”), La Joya y San Isidro para su sostenimiento. Esto sucedió en el año de 1730.

El 16 de mayo de 1731 los jesuitas tomaron posesión de la hacienda y el 8 de julio hicieron su entrada a León para realizar la fundación de su colegio. En 1751 levantaron una presa para regar 60 fanegas de maíz, 20 de cebada, 22 de frijol, 1,000 almácigos de chile y 17 y media cargas de trigo. Contaban con 325 bueyes, 29 vacas, 147 mulas, 56 caballos, 38 yeguas, 23 burros, 281 cabras y 1,439 borregos.

Después de establecerse y tomar posesión de varias fincas que les fueron donadas, decidieron que en uno de esos lugares construirían la iglesia de “La Santa Escuela de Cristo” o “La Compañía”; en la esquina que forman las actuales calles de Álvaro Obregón y 20 de enero, donde actualmente se encuentra el templo del “Inmaculado Corazón de María”.

En 1767 se presentaron las fuerzas armadas con el delegado del virrey, que notificó que por orden del rey Carlos III, todos los jesuitas quedaban desde ese momento incomunicados y tendrían que salir para España sin más pertenencias que el breviario, la ropa puesta y el dinero que pertenecía a cada uno.

Entre los decires y maldecires que causaron su expulsión, se achacaba a los jesuitas haberse enriquecido enormemente en las misiones, haber intervenido en política obstaculizando a los reyes de España y hasta haber planeado el asesinato de los reyes José de Portugal y Luis XV de Francia. Sin embargo la razón fue más profunda: los jesuitas, a diferencia de otras órdenes religiosas se negaban a negociar nada con los estados no católicos. La actitud, entonces sin excepciones, de los defensores de los derechos de la Santa Sede contra los regalistas (los defensores de las regalías o derechos privilegiados de la corona en las relaciones de ésta con la iglesia) fue la verdadera causa.

Rene Funez

Rene Funez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación.

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