El Yunque, la ultraderecha mexicana.

La democracia mexicana que aún se encuentra en pañales, según varios politólogos y críticos del poder, ha ido madurando poco a poco, pero pareciera sin rumbo. Los aportes de los conservadores, los liberales, los de derecha o izquierda, son innegables; unos mejores que otros ―según la lente con que se les vea―.

Quienes ocupan los cargos públicos han llegado al poder por el voto del pueblo, por “dedazo”, o por artimañas que poco involucran la fidelidad al partido, y está de más decir que a la nación. Cofradías secretas que permearon las más altas esferas políticas para llegar al poder, y así establecer su forma de concebir el mundo.

Por lo anterior, es necesario y hasta obligatorio saber quién nos ha gobernado y quién verdaderamente lo ha puesto ahí. Guanajuato como uno de los principales soportes del PAN a nivel nacional, se ha pintado de azul por largo tiempo; muchos de los líderes del partido blanquiazul han estado involucrados o relacionados directamente con una organización de ultraderecha y paramilitar; hablamos del “Yunque”.

La Organización Nacional del Yunque es una secta de inspiración católica que reclutaba jóvenes para adoctrinarlos y adiestrarlos en el combate físico e ideológico, con el fin de avanzar políticamente en la conquista del poder público. “El que obedece no se equivoca”, uno de los lemas de esta organización de corte autoritario y paramilitar cuyos fines, siguiendo las investigaciones del periodista Álvaro Delgado en su libro “El Yunque, La Ultraderecha en el Poder”, es defender la religión católica y luchar contra las fuerzas de del mal para instaurar el reino de Dios en la tierra mediante la infiltración de todos sus miembros en las más altas esferas del poder político.

El Yunque que actualmente tiene gran influencia en el Bajío, nació en Puebla en 1955 para combatir el laicismo del PRI, pero principalmente para combatir el avance de las ideales comunistas, liberales o progresistas que se pretendieran establecer en el país, mediante la infiltración política y la violencia.

Entre los líderes iniciadores de esta secta fue Ramón Plata Moreno, que para poder hacer más difícil la detección de los miembros, instauró una organización en forma de pirámide invertida, cuya dirigencia se encontraba en la punta invertida, lo cual protegía a los dirigentes y disfrazaba a la organización del Yunque, también conocida como “La Orquesta”.

Este grupo radical tenía varios puntos de base, entre los que destacan; primero, era “Primordial”: nada era más importante que la organización, ni la familia; segundo, “jerárquico consultiva”: ninguna decisión se puede tomar sin consentimiento de jefe superior; el último punto se refiera a su carácter de “combativa-formadora de cuadros políticos”: de ahí el reclutamiento de adolescentes al cabo de rigurosos procesos de observación y análisis.

La Iniciación

Para quien intentara entrar al este “exclusivo grupo”, no era nada fácil, pues el aspirante era sometido a una estricta observación de los llamados “grupos de control”; es decir, organizaciones deportivas, clubes sociales, parroquias y sociedades de alumnos y facultades y por supuesto, universidades; en la zona del Bajío destacaron la Universidad de Lasalle y colegios lasallistas como centros de reclutamiento.

El prospecto que era estudiado sin siquiera saberlo, debía ser católico, hijo de familia, capacidad de liderazgo; además se sometía a una investigación familiar, incluyendo a los abuelos. Un requisito muy importante, es que no debía ser judío, ni descendiente de esa raza. Si cumplía con todos los requisitos anteriores, era invitado a “La Orquesta” por quien sería su “padrino”.

Para ser un movimiento que partía de los ideales católicos, sus ritos de iniciación eran muy poco apegados a la religión que decían defender. En esta parte transcribimos fielmente la descripción de las ceremonias que hace Álvaro Delgado en su libro, “El Yunque, La Ultraderecha en el Poder”:

La escuela “López Gomar”, en la ciudad de León, estaba envuelta en silencio y penumbras.

Un hombre mayor, que presidía la reunión y que ostentaba un brazalete negro, dispuso los detalles:
Los Jóvenes colocaron a los costados de la mesa, dos banderas; la nacional y otra de entorno rojo y fondo blanco, en cuyo centro ―bordado en negro― se dibujaba una “Y” mayúscula con una cruz atravesada.

Todo listo, el adulto dio un grito que arrancó la ceremonia del Centro “Santo Tomas de Aquino” de la región de Cristo Rey.
― ¡Dios, Patria, Organización! ― a cuya exclamación siguió una repetición en coro.

El “padrino” fue por el muchacho que esperaba en la habitación contigua, el joven entró con paso marcial y, con la misma disciplina, saludó; en firmes, dio un golpe con el puño del brazo derecho en el pecho y después lo extendió recto.

El adulto le explicó los fines de la Organización ― “evitar que el marxismo diabólico se apodere de México” ― y el significado de los colores: blanco, “por la pureza de los ideales”; negro, “por el luto de los mártires”, y rojo, “por la sangre que estamos dispuestos a derramar”.

― ¿Estás dispuesto a cumplir con los ideales de nuestra organización y aceptar los principios de primordialidad, reserva y disciplina?
― ¡Sí, estoy dispuesto! ― dijo el muchacho y enseguida se le hizo repetir ante el crucifijo y la biblia:

Yo, en pleno uso de mis facultades y sin reservas mentales de ninguna especie, juro por mi Dios y por mi honor de caballero cristiano, servir leal y patrióticamente a las actividades y propósitos de esta organización, dándole primordialidad sobre cualquier otra y mantener en reserva su existencia y sus fines, así como los nombres de sus integrantes.

Luego, en sigilo permanente, llevándose marcialmente el puño al pecho y luego extendiendo el brazo, quien presidía pronunció en latín la frase de San Ignacio de Antioquía al ser llevado al martirio:
― ¡Stad firmus!
― ¡Ut incus percusa! ― repitió el coro cuya frase completa en español significa: “estar firmes en la adversidad”, como el yunque al ser golpeado.

Quien esa noche se inició en la Organización fue Ramón Muñoz Gutierrez, escalaría poder hasta llegar a ser el jefe de la Oficina de Innovación Gubernamental en la presidencia de la República y el personaje más influyente y cercano a Vicente Fox.

Grupos de Choque

Una de las estrategias que más utilizó el Yunque, y una de las que más les funcionó, fue la de crear grupos de choque; que mediante la injuria y la violencia combatían a los “comunistas”, masones y religiosos “progresistas”; además de su función principal, servían para ocultar la estructura de la Organización, pues los integrantes de estos grupos muchas veces desconocían quienes eran realmente los dirigentes o que hacían el trabajo sucio de alguien más.

Uno de los grupos de choque más conocido fue el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), fundado en 1961; que tenía como propósito combatir en México la “conspiración judeo-masónica- cristiana”.

El objetivo que se propusieron fue ordenar el Estado para instaurar la “Ciudad de Dios” conforme el evangelio. El MURO se inició en la UNAM, como una estrategia de adherir a jóvenes de todo el país a “La Orquesta”, para poder dar escalada a nivel nacional.

El origen común de los organizadores del MURO provenían de escuelas confesionales, como el Cristobal Colón, Simón Bolívar; Universidad La Salle, Colegio Benavente (Puebla), todos ellos dirigidos por la congregación religiosa denominada “Hermanos Lasallistas”.

Este grupo de choque llegó a utilizar el secuestro para amedrentar a quienes realizaran actividades “comunistas” o criticaran al movimiento, tal como le ocurrió al periodista Miguel Ángel Granados Chapa, quien todavía como estudiante de periodismo, publicó información sobre el MURO, lo que le valió ser privado de su libertad y golpeado por miembros de este grupo.

Para apuntalar la tesis sobre la importancia de la participación de los empresarios en la formación del MURO, González Ruiz echa mano de uno de los pocos testimonios que hay de un hombre de negocios sobre el caso: el de Hugo Salinas Price, padre de Ricardo Salinas Pliego, propietario de Tv Azteca. En sus memorias, Mis años con Elektra, narra:

“A principios de los años sesenta sentía yo grandes inquietudes. El fuerte carisma de Fidel Castro hacía sentir miedo a las clases media y alta de que se fuera a repetir el fenómeno cubano en México. Escribía yo artículos que publicaba en Excélsior. A veces reproducía mis artículos en sus publicaciones el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, que dirigía mi amigo Agustín Navarro Vázquez”.

“Siempre apoyé a Navarro Vázquez, un verdadero héroe de la libertad a quien la patria no le ha rendido el debido reconocimiento. En varias conversaciones me planteó la conveniencia de crear un grupo de choque de jóvenes, a efecto de contrarrestar el terror de la izquierda entre estudiantes. Se llamaría MURO, por sus iniciales: Movimiento Universitario de Renovadora Orientación. Lo más probable es que hubo varios que lo apoyaron, pero yo nunca supe quiénes más apoyaron a ese grupo, que resultó muy efectivo para darle a las izquierdas una sopa de su propio chocolate. (El) MURO tenía una casa ubicada en la avenida División del Norte, en donde practicaban artes marciales los muchachos. En una ocasión (el) MURO decidió hacer una manifestación en la propia UNAM. Para asombro de la izquierda se quemó la efigie de Fidel Castro. Fue divertido; tanto mi cuñado como yo estuvimos ahí. El salió fotografiado en los periódicos al día siguiente junto a la efigie en llamas.”

El Yunque en León

En el Bajío, el Yunque tuvo gran acogida por grupos conservadores y por la iglesia, que de forma pública rechazaba a las asociaciones secretas, pero en lo íntimo apoyaba y alentaba al Yunque. Fue Guanajuato parte importante en el desarrollo nacional de la Organización.

En León en los años sesentas, Juan Manuel Torres Origel y Elías Villegas eran las figuras más “emblemáticas” del Yunque, y era bien sabido también en esa época sobre la existencia del Comando Atlético Militar que operaba en León, además del reclutamiento y adiestramiento del Yunque en la preparatoria La Salle y la Universidad del Bajío, hoy Universidad De La Salle Bajío.

Elías Villegas

Al mismo tiempo que se reclutaba a jóvenes, se les sometía a pruebas en la Sierra de Lobos. Fue en 1982 cuando en Sierra de Lobos, la Dirección Federal de Seguridad, detectó 60 hectáreas que pertenecen a las autoridades educativas lasallistas. Según declaraciones del velador de esa época, en el lugar se les daba entrenamiento militar a los grupos de jóvenes que asistían, cuyos números iban de 35 a 50.

La escalada nacional de la Organización Nacional del Yunque se da con el “Pacto de Los Remedios”, firmado en 1975 en Naucalpan, Estado de México. Entre los organizadores estuvieron Alfredo Ling Altamirano, ex presidente estatal del PAN y ex directivo de una facultad en la Universidad de La Salle Bajío. En este pacto se reunieron 36 organizaciones de todo el país.

Fue hasta el año 2000 que el Yunque consiguió el poder que quería en el Estado, la gubernatura ganada por Juan Carlos Romero Hicks, quien tenía como Secretario General de Gobierno a Juan Manuel Oliva, quien por instrucciones del patriarca del Yunque en el Estado, Elías Villegas, incluyó en el gabinete a miembros de la Organización.

El Ejército de Dios en la Tierra

Los adheridos a la Organización Nacional del Yunque tenían como fin último implantar el Reino de Dios en la Tierra, perseguían todo lo que tuviera tintes de ideología “progresista”, incluso siendo de la religión católica, que se supone defendían. Admiradores del régimen fascista de Francisco Franco se enclavaron en la lucha por defender a México de un enemigo invisible, más bien una forma querer instaurar su ideología en un Estado laico.

Fue toda una maquinaria la que “La Orquesta” echó a andar para poder penetrar el PAN y llegar a las más altas esferas políticas. Bajo el lema de “el que obedece no se equivoca”, permearon en el sector empresarial como una forma de financiar sus actividades siempre ocultas pero encaminadas a escalar peldaños en la sociedad.

Militantes del PAN del estado

La organización se diluyó en 1999, pero aún hoy en día permanecen sus dirigentes en importantes cargos públicos o hasta en gubernaturas estatales, lo que nos habla de que muy probablemente sus ideologías e intereses no estén del todo erradicadas. Tal vez no se desintegró, y sólo cambió de nombre como siempre lo hizo en sus viejas estrategias.

Es importante tener presente estas historias llenas de radicalismo e intolerancia ideológica, en momentos donde la intransigencia social y política, se encuentran dividiendo al país.

Los movimientos que vemos hoy en día, tomando las calles para querer instaurar un sistema que poco tiene que ver en un Estado laico, requieren de un análisis profundo, para poder darles valor o quitárselos. La principal herramienta de la que se sostienen es de la ignorancia y la ciega fe.

Rene Funez

Rene Funez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación.

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