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A sus 69 años, Matilde sigue creando, emprendiendo y cumpliendo sueños

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Para Matilde Salas, la edad y una discapacidad no han sido motivo para detenerse. A sus 69 años, continúa aprendiendo, trabajando y elaborando con sus propias manos cada uno de los productos que ofrece en su emprendimiento Maty.

Matilde vive con una discapacidad en la columna vertebral. Puede caminar, pero tiene dificultades para cargar objetos pesados. Aun así, encontró en los talleres del DIF un espacio para desarrollar nuevas habilidades y construir una alternativa para salir adelante.

Desde hace aproximadamente 13 años participa en capacitaciones y programas de esta institución, donde aprendió panadería, repostería, elaboración de galletas y bisutería.

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Ahí nos enseñaron una forma de salir adelante”, compartió.

Con esos conocimientos comenzó a crear distintos productos. En su espacio de venta pueden encontrarse panes, troles, vasitos de nieve, pulseras, collares, rosarios y anillos. El nombre de su emprendimiento, Maty, proviene del diminutivo de Matilde y representa el sello personal que coloca en cada pieza.

Todo lo que vende es elaborado por ella misma. Una pulsera sencilla puede tomarle alrededor de 20 minutos, mientras que otras creaciones necesitan mucho más tiempo, paciencia y concentración.

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La variedad de productos que presenta en su mesa representa cerca de dos meses de trabajo, un esfuerzo que se refleja en cada cuenta, cada tejido y cada detalle colocado a mano.

Matilde también forma parte de una asociación de emprendedores con discapacidad, desde donde busca mostrar que las personas pueden continuar siendo productivas cuando reciben capacitación, acompañamiento y espacios para comercializar su trabajo.

Su participación en el pabellón del DIF le permite acercar sus productos a más personas y obtener ingresos mediante actividades que aprendió con constancia a lo largo de los años.

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Pero detrás de cada pulsera o pieza de pan existe algo más grande: el deseo de seguir avanzando.

Matilde asegura que todavía tiene metas y sueños por cumplir. Su historia recuerda que comenzar una nueva etapa no depende de la edad, sino de conservar las ganas de aprender, crear y seguir adelante.

A sus 69 años, Matilde no solo vende productos hechos a mano: comparte la prueba de que los sueños tampoco tienen fecha de caducidad.

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