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Historias

Derrumban «disco del diablo»

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bonitoleon.com: La Voz de León

Por Christian Rendón

Después de unos 23 años, la disco ubicada en la Plaza Insurgentes donde según las leyendas urbanas se apareció el Diablo en un noche de fiesta, abrió sus puertas hace tres semanas para remodelar el establecimiento.

Bonito León acudió al lugar que por muchos años quedó abandonado, sólo sobrevivió en las leyendas e historias que se contaban cuando la gente pasaba por afuera del lugar. Había mucho misterio.

Entrevistamos al velador, que por cuestiones de privacidad no se relevará su nombre, pero se convirtió en la primera persona en abrir la puerta que mucho tiempo no habían querido cruzar, incluso, vivió ahí a oscuras por cuatro días, pues no había luz, puro escombro y más escombro.

“Dos compas no entraron, mejor dijeron que no chambeaban el primer día que llegamos a abrir, decían: “Ábrale”, y yo puse mesas porque no tenía nada y dos se quedaron aquí pensado y dijeron: “Mejor nos vamos a otros lado”, yo agarré la llave y le abrí y estaba oscuro pero no, no, no, no, no y así me aventé cuatro días sin luz y ya después la pusieron, estaba a oscuras, no se veía pa´tumbar”, platicó el hombre de unos 60 años.

Otro hombre, que asegura alguna vez acudió a esa disco, recuerda las fiestas fuera de control que se hacían ahí, llenas de excesos, incluso, también pasó al lugar que seguía lleno de escombro y recordó donde estaba el escenario, la barra, además de una que otra aventura.

“La Plaza Insurgentes fue la primer plaza comercial de León. En lugar fue primero disco hasta que se cerró por la aparición del Diablo, luego después fue cantabar, fue el primer cantabar de León y ahí en la pista estaba el escenario”, comentó.

La plaza quedó abandonada por muchos años, sobrevivió uno que otro comercio y locales de comida, hasta que con el paso del tiempo se convirtió en una zona de grupos de autoayuda y religiosos y en los últimos meses comenzó a “levantarse”.

Por las noches, aquello de las 10, las personas que pasan por ahí para ir al trabajo o la escuela se empiezan a esfumar, sólo se queda uno que otro indigente a dormir, las luces se apagan y la zona muere, hasta el otro día en la mañana cuando los peatones comienzan a pasar, pues más que una plaza, para muchos es un pasaje.

En cuanto a la disco, las puertas ya están abiertas, ya hay luz, un poco más de vida, pues en tres meses se pretende que se eche a “jalar” el establecimiento de cual aún se desconoce su giro.

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1 Comentario

1 Comment

  1. Leo_Silva.

    9 de febrero de 2017 at 6:24 pm

    Paso diario por ahí y ni enterado estaba de que se había aparecido el diablo. De seguro fueron una bola de pachecos a quienes se les contagio la alucinación del otro, jajajja

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Historias

‘La Hoya’, de una hacienda a una mini ciudad

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La Joya hoy es uno de los polígonos más importantes para León, donde hasta hace unos años habitaban ya más de 70 mil personas en sus diferentes colonias, pero no ha llegado hasta ahí porque sí, pues su existencia data de los años de 1600.

La hacienda de la Hoya se construyó a lo largo del siglo XVII al parecer por el capitán Juan López, quien tenía sitios de ganado y tierras aradas para sembrar maíz, además de corrales, potreros y una capilla para realizar misas.

De acuerdo a información del Archivo Histórico, en 1731, luego de la muerte de los dueños en turno, la hacienda pasó a manos del bachiller Nicolás Aguilar y un año más tarde, entre sus legados que dejó a los jesuitas, heredó la hacienda para que se ayudaran en sus labores altruistas.

En 1841 la hacienda pertenecía a Ignacio Núñez y ya para 1920 la Hoya era propiedad de Josefina Peña, 17 años más tarde se dotó a la población gran superficie de las tierras donde había una presa y algunos espacios ya urbanizados.

El 15 de junio de 1943 los vecinos solicitaron la ampliación de ejidos y en 1947 en un censo que se realizó ya se registraban 180 habitantes con 45 jefes de familia y solo el 34% de las parcelas estaban trabajadas.

Ya para 1977, vecinos realizaron un asentamiento humano, con cartón y lámina construyeron sus casas, poco a poco se fueron extendiendo las colonias que se fueron poco a poco habitando

“De la Hoya” fue el primer nombre que se le dio al paraje que se situaba entre tres cerros; “hoya”: se utiliza para nombrar una llanada entre montañas como el lugar donde nació la hacienda de San Miguel de la Hoya, hoy conocida como la o las Joyas.

A principios de los años 80, con base a lámina y cartón, de acuerdo a notas periodísticas del Archivo Histórico Municipal, se comenzaron a construir nuevas Las Joyas, un asentamiento que se ubicada a la orilla de la ciudad después del bulevar San Juan Bosco, donde era mejor conocido como “antigua salida a Lagos”.

Ahí, alejado de la mancha urbana, en medio de una cañada y a las “faldas” de las lomas, fue donde se establecieron las Joyas, que poco a poco fue creciendo hasta superar las 72 colonias en la zona y que son lo que conocemos hoy.

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Leyendas

Leyendas de León: El caballo que sacaba a los borrachines de las cantinas.

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bonitoleon.com: La Voz de León

Un caballo alto, delgado y vigoroso, su blanca cabellera contrastaba con su piel morena. Su único propósito era aliviar las necesidades, «Don Prudencio» el capallán de la iglesia «el calvario» en San José de García, época en que las construcciones eran de adobe crudo, pisos de terrado y paredes encaladas.

Cuando el sol se escondía «Don Prudencio» salía a deambular montando en su fiel caballo llamado «coyote» nombre que también le asignas a los descarrilados que a altas horas de la noche se encontraban por las calles y cantinas.
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«Creíste engañarme coyote» les decía «Don Prudencio» quien ya los esperaba con una sonrisa en la esquina a los trasnochados y regañados que pensaban engañarlos para poder regresar a la cantina. Siempre contando con la colaboración de su caballo quien los empujaba bruscamente con su hocico.
Por las noches el caballo salía de los corrales para recorrer las calles del barrio, parándose frente a las cantinas, haciendo sonar sus ásperos cascos y su fuerte relinchidos como lo había hecho por muchos años, los bebedores y trasnochados al escucharlo, respetuosamente abandonaban las cavernas y se iban a sus cada tranquilos con su conciencia, pues «Don Prudencio» aquel hombre que por tantos años había procurado su bien y el de sus familias, él había fallecido varios años atrás, el 4 de abril de 1885.

 

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Historias

El primer edificio del Barrio de San Juan de Dios

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Foto: GaBor
La primera construcción del barrio de San Juan de Dios quedó situada en el edificio que hoy se encuentra entre las calles 5 de Febrero y Pino Suárez del Centro Histórico de León, donde hoy es el reconocido hotel Rex.

San Juan de Dios es un tradicional barrio de León conocido como el “de Abajo” y sus orígenes se remontan a las primeras décadas del siglo XVII, como antecedente está el traslado del antiguo hospital San Cosme y San Damián de la Villa ubicado en la Plaza de Armas, a cargo del Presbítero Alonso Espino.

El hospital se ubicaba frente a la vieja iglesia de la Vera-Cruz en la primera cuadra de la acera sur de la 5 de Febrero, de acuerdo a información del Archivo Histórico municipal.

Los juaninos, orden hospitalaria de San Juan de Dios, lo encontraron en pésimas condiciones por falta de mantenimiento y se determinó cambiarlo a otro espacio y darle una nueva construcción, se vendió la vieja finca y en 1620 comenzó la edificación del hospital y convento en unos solares que fueron donados.

El hospital y monasterio se erigieron en el costado oriente, mientras que el templo colindó con ellos al sur de lo que ahora es la Plaza de San Juan de Dios. Estas tres construcciones formaron parte del nuevo barrio y con el tiempo se formaron las 24 manzanas consideradas en la Fundación de León.

Fue entre 1620 y 1630 cuando se construyó el hospital, pero en 1637 sufrió una inundación por daños de una arroyo que circulaba por la calle La Paz.

En dicho hospital fueron atendidos los indios afectados por la peste matlazáhuatl, en 1643, aunque la inundación se repitió en los años 1736 y 1762.

Durante la guerra de Independencia el hospital del Espíritu Santo se convirtió en militar.

En 1856 por la promulgación de leyes de Reforma se tramitaron 430 escrituras para la venta de los terrenos del hospital, por lo que el crecimiento del barrio se dio con la ocupación de nuevos pobladores y se fueron haciendo modificaciones hasta lo que hoy se conoce como el barrio tradicional, pintoresco y nevero de León.

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