El señor Barroso, uno de los pocos zapateros que sobrevive con su taller

Con su máquina de codo, el señor Barroso ha pasado sus días desde 1981 en su local de reparación de calzado, ubicado en la calle Ignacio Comonfort 558 B del Centro de la ciudad y es uno de los pocos zapateros que ha sobrevivido al oficio.

Sin embargo, la historia comenzó desde mucho tiempo antes, cuando su padre tenía su local en la esquina de las calles Rivera y Reforma de la misma zona, para luego trasladarse a donde se encuentra en la actualidad.

El señor Eduardo Barroso recuerda que su papá aprendió el oficio solo, pues en aquellos años era músico de la Presidencia Municipal, pero luego se dedicó al zapato y lo enseñó.

Y aunque tiene mucho trabajo, pues repara todo tipo de artículo de piel como bolsas, chamarras, pero principalmente zapatilla de mujer desde los $20 pesos en adelante, dice que muchos se han retirado del oficio porque se mueren y sus hijos ya se dedican a otra cosa.

“Sí hay muchos (zapateros), pero ya se han quitado varios, he oído que se han quitado varios que arreglan zapatos porque a lo mejor ya están grandes y los hijos ya no siguen con el oficio de uno, por decir, mi hijo ya trabaja de otra cosa, el día que ya no trabaje aquí ya se va a cerrar”, dijo.

Sin embargo, recordó que por los años 80, cuando llegó a ese lugar las cosas eran muy diferentes, pues aún no estaba la Central Metropolitana, la zona era muy oscura y aunque ya pasaba por ahí el transporte público, no era la oruga.

Trabaja solo aunque a veces le ayuda su hermana a coser y aún conserva máquinas que ya no se encuentran en el mercado como el pie de fierro que le regaló su papá.

Don Eduardo se dice con orgullo leonés, del mero barrio de San Ignacio y panza verde de corazón.

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