La leyenda de Bartolo Prieto

En las tranquilas noches provincianas de hace siglo y medio, los vecinos de los barrios de la orilla de la ciudad se juntaban al oscurecer después de largas jornadas de trabajo afuera de sus casas, o se sentaban alrededor de los fogones negros de las cocinas, pues no había tele, tampoco alumbrado y mucho menos redes sociales.

Lo que te vamos a contar es la leyenda del Bartolo Prieto, un malhecho originario de Lagos de Moreno, Jalisco, elaborada por Mario Gómez Mata.

Continuamos… La charla nocturna era un deleite, fumaban cigarros de hojas de maíz y con un café o atole de maza contaban las historias más recientes que ocurrían en el poblado como las riñas con saldos trágicos de acuchillados, o sobre quien le ponía el cuerno a quien.

Sin embargo, una de las charlas más recurrentes eran las historias de bandidos y tesoros fabulosos que aguardaban a los más temerarios para poseerlos y hacerse ricos de la noche a la mañana.

Una de esas leyendas fue la de Bartolo Prieto, un especie de “Chucho el Roto” léguense que robaba dinero a los ricos para ayudar a la miseria de los pobres, decían que guardaba dinero en el Cerro del Picacho.

Fueron socios del vandalismo, Bartolo Prieto, Eulogio Morales y Félix López, por lo que se dice que el 16 de mayo de 1853, al amparo de la oscuridad, asaltaron el comercio del señor Calvillo; otro asalto fue contra la “Niña Chepita”, como le decían a una señorita septoagenaria, dueña de la hacienda “Los Jacales”, quien le entregó todo lo que guardaba de su trabajo y así múltiples robos.

Hasta que un día a Bartolito le cayó la Federación y lo mataron sin que pudiera decir donde quedó su tesoro, por lo que la imaginación de los laguenses, aseguraron que en los Cerros del Picacho y de La Bola estaba la cueva donde guardaba su dinero.

Esta cueva sólo se abre los Jueves Santos y si lograban dar con ella, pronto salía el ánima de Bartolo Prieto arrastrando cadenas para exigir con voz quejumbrosa “todo o nada”.

Dice la leyenda que los que han entrado, han quedado sepultados ahí para siempre porque nunca lograron sacar el enorme tesoro que dejó Bartolo Prieto.

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