La capirotada de Guanajuato

La mayoría de las tradiciones en México, se relacionan con la cultura católica, aún y cuando nos referimos a las tradiciones culinarias.

Estando el mes de marzo, ya comenzamos a sentir los aires de Semana Santa y de acuerdo a las tradiciones tan arraigadas de nuestro país, en este periodo se acostumbra comer y beber algunos platillos típicos, uno de ellos es claro, el postre llamado “capirotada”.

Existen tantas versiones, sabores y colores de la capirotada que hace que cada receta sea única, por eso, no existe una forma única y verdadera de preparar este postre.

Se dice que la capirotada se prepara desde 1519, cuando llegaron los españoles a México. Con el paso de todos estos años, la receta ha ido cambiando, ya que comenzó siendo un platillo con carne y para llegar a lo que es hoy en día, un postre muy tradicional hecho a base de bolillo y piloncillo.

La capirotada tiene su simbolismo religioso, que justamente es lo que hace que se consuma en la cuaresma; dicen que el pan es el cuerpo de Cristo, la miel es la sangre, los clavos, los clavos con los que fue clavado, y la canela es la cruz, y de ahí, el queso es el sudario, y esos son los ingredientes básicos.

Como todo platillo, a lo largo de la república mexicana cambia la forma de prepararse. En Guanajuato, esta receta tiene una variación. En el municipio de San Francisco del Rincón, elaboran la “capirotada blanca”, la cual la preparan con un pan local llamado “pan de yema” y le agregan una salsa “blanca” o crema hecha con huevo, leche y vainilla.

Aunque al final el postre no quede totalmente blanco, sino más bien de un tono amarillo claro, su nombre sirve para diferenciarla de la capirotada común.

En fin, sea cual sea su forma de prepararse, la capirotada, amada por unos y odiada por otros, es en definitiva un platillo favorito de las familias mexicanas durante la cuaresma.

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