Mary Chessman, un alma rebelde.

La tarde del martes 26 de diciembre de 1961 la noticia corrió por toda la ciudad: Habían encontrado el cuerpo en descomposición de La Mary Chessman en una casa en construcción en la calle Nubes (casi esquina con Avenida Guanajuato), en el recién inaugurado fraccionamiento Jardines del Moral.

Durante los sesentas, el rock, las fiestas, las motos, el sexo y las drogas, eran la forma de diversión de los jóvenes (no muy diferente de ahora), inspirados en las películas de james Dean retaban al sistema en todos sus niveles, y por supuesto nuestra ciudad no fue la excepción de estos grupos, los llamados “Rebecos”.

En esa época y bajo esos ideales nació en León una leyenda, María de Jesús Mena, “La Mary Chessman”. Este personaje fue una secretaria leonesa de 21 años, que durante el día realizaba esta labor, pero que por las tardes y noches se juntaba con los motociclistas rebeldes sin causa del pueblo, los “rebecos”.

Las fuentes de sodas de la época eran los sitios donde se reunían a beber y darse sus “empujones” de la droga de moda. La Copa de Leche que se encontraba en la esquina noroeste de la hoy Plaza de los Fundadores o en “Caleta”, del Pasaje Catedral, eran los lugares de encuentro, para después seguir en moto por los alrededores de la ciudad.

Un 6 de diciembre “La Mary Chessman” no regresó a casa, aunque asistía al trabajo. La tarde en que fue asesinada –se presume que el día catorce- dejó en el despacho una chamarra nueva y sus zapatos en el restaurante Margo’s, ubicado en el Portal Guerrero, se encontró su bolsa y las llaves del despacho.

Cuando se descubrió el cadáver las autoridades apresaron a sus compañeros de “palomilla”, donde el principal sospechoso era Beto Cobián. Adalberto era un carnicero de 23 años que trabajaba en la calle Rivera y que a pesar de estar casado y tener dos hijos, andaba de novio con Mary.

Fue hasta el 11 de enero que Beto confesó que viajaban en moto y se llevó a “La Chessman” a dar la vuelta al entonces desierto Jardines del Moral. Iba tan rápido que perdió el control y ella salió disparada de la moto, rompiéndose el cuello en el impacto.

Se asustó tanto que en lugar de dar aviso a las autoridades escondió el cuerpo bajo las escaleras de aquella casa en construcción. Beto terminó siendo consignado por homicidio imprudencial y abandono. Muchos años después, al salir libre, se unió a la policía judicial y falleció baleado en un enfrentamiento.

Entre los objetos confiscados durante la investigación se encontró un escrito que Chessman había dejado a sus padres, “Si algún día muero no es por temor a nada. Si deudas tengo que se venda lo que poseo. ¡Qué más da! No quiero lloriqueos, ni lujosa caja… extravagante nomás. Ya que soy Rebelde, pero de pelo nomás”. A mis papás. May”.

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Rene Funez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación.

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