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Historias

‘La calle Rivera’, famosa desde antes de la delincuencia

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La fama de la calle La Rivera de los barrios populares del Centro de León comenzó hace unos 45 años, cuando la cantina “La Pantera Rosa”, donde había mujeres de la vida galante, la hizo popular.

Entrar a la calle por la Belisario Domínguez es ir abandonando poco a poco los locales de frutas, verduras y materas primas, para encontrarse con los de aparatos eléctricos y autopartes.

Por un lado, está la peluquería de “El Pata” y por el otro la panadería “El Túnel”, que son unos de los más viejos en el barrio.

Camino hasta llegar a la calle Nuevo León, donde hay una cantina que está abierta desde la mañana y se ambienta con música de “El Buki”, enfrente, había un señor tirado, al parecer alcoholizado, la gente lo brincaba como si fuera un costal de papa o cajas de verduras que hay en calles aledañas.

Más adelante está Alejandra Villalpando, una mujer de 23 años de edad, platicando con dos hombres, pero gritaba, se sentía como en casa.

Minutos después la abordo en la banqueta, sabía que era una mujer que conocía el barrio, otra señora sale de una casa y me reta con la mirada, no confía, les empiezo a sacar platica hasta que rompo el hielo y me sueltan la sopa de su vida en La Rivera.

-¿Tú eres de aquí? Le pregunto a Alejandra.
-Yes, contestó.

Continuamos platicando, se familiarizan y fluyen después de preguntarles cómo ha sido su vida en La Rivera.

“(La calle) tiene sus buenas y tiene sus bajas porque todos nos cuidamos, mucha gente dice que es muy insegura, para mí es segura porque aquí todos nos apoyamos unos a otros, desgraciadamente es muy famosa la calle por lo malo, pero… ¿Hoy en día dónde no roban? es una calle muy segura para vivirs”.

Continúa: “Si alguien te quiere asaltar ‘¡hey! ¿qué onda? déjalo ¿si me entiendes? uno luego, luego trata de… porque los rateros ni los conocemos.

“Ahora por eso son los conflictos, porque uno no puede tener su puerta abierta, porque como la casa de mi abuelita que está a un lado de la cantina y ya luego piensan que ahí es algo malo o te faltan al respeto y es donde salen golpeados porque es lógico que nos (van a defender)”, remató la joven mujer criada a la rivereña.

Érika González, de 43 años, siempre ha vivido por ahí y cuenta, al igual que “El Beli”, el churrero que vende en la esquina de la calle Constitución, que en la calle todos se cuidan las espaldas, que los ladrones no son de ahí y que cuando se atreven a robar, los agarran y los sacan de patitas a la calle.

“Se hizo la fama por las prostitutas, anteriormente que estaba la Pantera Rosa y más casas (cantinas) de allá, era como un tipo bar pero de mujeres de esas, antes estaba más lleno de lo que era la Nuevo León para allá, por eso se hizo famosa, ya luego por los robos y así, pero fue famosa mucho antes”, platicó.

A la mitad de la calle, ahí por donde “El Beli” vende sus churros, una imagen de la Virgen de Guadalupe se impone a lo grande desde la esquina, enfrente, la ofrenda de una persona que murió en el lugar se adorna con flores y los vecinos los respetan más que a la propia Policía.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Miguel Ángel Sánchez Muñoz

    21 de diciembre de 2019 at 10:23 am

    Felicidades me encantan las historias de mi lion gto.

  2. José Inés Delgado serrano

    22 de febrero de 2020 at 7:08 pm

    Me gusta saber de mí ciudad

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Historias

‘La Hoya’, de una hacienda a una mini ciudad

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La Joya hoy es uno de los polígonos más importantes para León, donde hasta hace unos años habitaban ya más de 70 mil personas en sus diferentes colonias, pero no ha llegado hasta ahí porque sí, pues su existencia data de los años de 1600.

La hacienda de la Hoya se construyó a lo largo del siglo XVII al parecer por el capitán Juan López, quien tenía sitios de ganado y tierras aradas para sembrar maíz, además de corrales, potreros y una capilla para realizar misas.

De acuerdo a información del Archivo Histórico, en 1731, luego de la muerte de los dueños en turno, la hacienda pasó a manos del bachiller Nicolás Aguilar y un año más tarde, entre sus legados que dejó a los jesuitas, heredó la hacienda para que se ayudaran en sus labores altruistas.

En 1841 la hacienda pertenecía a Ignacio Núñez y ya para 1920 la Hoya era propiedad de Josefina Peña, 17 años más tarde se dotó a la población gran superficie de las tierras donde había una presa y algunos espacios ya urbanizados.

El 15 de junio de 1943 los vecinos solicitaron la ampliación de ejidos y en 1947 en un censo que se realizó ya se registraban 180 habitantes con 45 jefes de familia y solo el 34% de las parcelas estaban trabajadas.

Ya para 1977, vecinos realizaron un asentamiento humano, con cartón y lámina construyeron sus casas, poco a poco se fueron extendiendo las colonias que se fueron poco a poco habitando

“De la Hoya” fue el primer nombre que se le dio al paraje que se situaba entre tres cerros; “hoya”: se utiliza para nombrar una llanada entre montañas como el lugar donde nació la hacienda de San Miguel de la Hoya, hoy conocida como la o las Joyas.

A principios de los años 80, con base a lámina y cartón, de acuerdo a notas periodísticas del Archivo Histórico Municipal, se comenzaron a construir nuevas Las Joyas, un asentamiento que se ubicada a la orilla de la ciudad después del bulevar San Juan Bosco, donde era mejor conocido como “antigua salida a Lagos”.

Ahí, alejado de la mancha urbana, en medio de una cañada y a las “faldas” de las lomas, fue donde se establecieron las Joyas, que poco a poco fue creciendo hasta superar las 72 colonias en la zona y que son lo que conocemos hoy.

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Leyendas

Leyendas de León: El caballo que sacaba a los borrachines de las cantinas.

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bonitoleon.com: La Voz de León

Un caballo alto, delgado y vigoroso, su blanca cabellera contrastaba con su piel morena. Su único propósito era aliviar las necesidades, “Don Prudencio” el capallán de la iglesia “el calvario” en San José de García, época en que las construcciones eran de adobe crudo, pisos de terrado y paredes encaladas.

Cuando el sol se escondía “Don Prudencio” salía a deambular montando en su fiel caballo llamado “coyote” nombre que también le asignas a los descarrilados que a altas horas de la noche se encontraban por las calles y cantinas.
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“Creíste engañarme coyote” les decía “Don Prudencio” quien ya los esperaba con una sonrisa en la esquina a los trasnochados y regañados que pensaban engañarlos para poder regresar a la cantina. Siempre contando con la colaboración de su caballo quien los empujaba bruscamente con su hocico.
Por las noches el caballo salía de los corrales para recorrer las calles del barrio, parándose frente a las cantinas, haciendo sonar sus ásperos cascos y su fuerte relinchidos como lo había hecho por muchos años, los bebedores y trasnochados al escucharlo, respetuosamente abandonaban las cavernas y se iban a sus cada tranquilos con su conciencia, pues “Don Prudencio” aquel hombre que por tantos años había procurado su bien y el de sus familias, él había fallecido varios años atrás, el 4 de abril de 1885.

 

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Historias

El primer edificio del Barrio de San Juan de Dios

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Foto: GaBor
La primera construcción del barrio de San Juan de Dios quedó situada en el edificio que hoy se encuentra entre las calles 5 de Febrero y Pino Suárez del Centro Histórico de León, donde hoy es el reconocido hotel Rex.

San Juan de Dios es un tradicional barrio de León conocido como el “de Abajo” y sus orígenes se remontan a las primeras décadas del siglo XVII, como antecedente está el traslado del antiguo hospital San Cosme y San Damián de la Villa ubicado en la Plaza de Armas, a cargo del Presbítero Alonso Espino.

El hospital se ubicaba frente a la vieja iglesia de la Vera-Cruz en la primera cuadra de la acera sur de la 5 de Febrero, de acuerdo a información del Archivo Histórico municipal.

Los juaninos, orden hospitalaria de San Juan de Dios, lo encontraron en pésimas condiciones por falta de mantenimiento y se determinó cambiarlo a otro espacio y darle una nueva construcción, se vendió la vieja finca y en 1620 comenzó la edificación del hospital y convento en unos solares que fueron donados.

El hospital y monasterio se erigieron en el costado oriente, mientras que el templo colindó con ellos al sur de lo que ahora es la Plaza de San Juan de Dios. Estas tres construcciones formaron parte del nuevo barrio y con el tiempo se formaron las 24 manzanas consideradas en la Fundación de León.

Fue entre 1620 y 1630 cuando se construyó el hospital, pero en 1637 sufrió una inundación por daños de una arroyo que circulaba por la calle La Paz.

En dicho hospital fueron atendidos los indios afectados por la peste matlazáhuatl, en 1643, aunque la inundación se repitió en los años 1736 y 1762.

Durante la guerra de Independencia el hospital del Espíritu Santo se convirtió en militar.

En 1856 por la promulgación de leyes de Reforma se tramitaron 430 escrituras para la venta de los terrenos del hospital, por lo que el crecimiento del barrio se dio con la ocupación de nuevos pobladores y se fueron haciendo modificaciones hasta lo que hoy se conoce como el barrio tradicional, pintoresco y nevero de León.

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