La historia del Cristo Negro de Salamanca que se celebra todos los Martes Santos

Salamanca está lleno de historia y la Semana Santa le trae muy buenos recuerdos, tanto a dicho municipio como a otras regiones que están a sus alrededores, pues todos los Martes Santos se conmemora al Cristo Negro que hoy se encuentra en el Santuario Diocesano del Señor del Hospital.

La historia es muy bonita, de acuerdo a la Iglesia Católica comenzó a principios del año de 1560, cuando un hombre llamado Juan Cardona y su familia otomíe abandonaron el pueblo de Xilotepec, pero no iban solos, pues con ellos, entre sus pertenencias, llevaban al Cristo Negro que para esa fecha ya era venerado por la gente.

Tras la huida, pasaron por caminos abruptos hasta que llegaron a un lugar llamado Mamayé (hoy Tepeji del Río), en donde casi fueron alcanzados, pero así continuaron su partida hasta lo que hoy conocemos como Tula, Hidalgo.

Fue más delante donde encontraron un lugar con casas abandonadas y con algunos mantenimientos que les sirvieron para confortarse, descansando, saciando la sed y el hambre.

Al filo de la media noche, José María, uno de los hijos de Cardona, que se había quedado en vela, los despertó para decirles que se oían ruidos y pasos y que los jilotepecanos se acercaban, ellos, quienes sacaron la imagen y al poco rato fueron alcanzados.

En la confusión corrieron a esconder el cristo dentro de una milpa alta de maíz junto al camino. Los perseguidores se dieron a la tarea de buscarlo pero fue inútil; no encontraron al cristo que originalmente era color blanco, pues de manera milagrosa se convirtió en negro para perderse en la oscuridad de la noche y no ser recuperado por el pueblo y así permanecer con la familia.

En ese momento todos se postraron y rezaron ante él entendiendo que quería permanecer con ellos.

Más tarde llegaron a Querétaro donde se alojaron en un convento Franciscano, continuaron por lo que hoy conocemos como Apaseo, Celaya, Cortazar hasta la aldea San Juan Bautista Xidóo hoy conocida como Salamanca.

Ahí lo depositaron en la Capilla de la Asunción ubicada en la Estancia de Barahona.

De paso, Juan Cardona le cuenta toda la historia de peregrinaje con el Santo Cristo a Don Baltasar y él mismo, contrata a un lugareño de confianza, indio al que le decían el Tío Lucas Evangelista y este sirvió de sacristán para cuidarlo en el templo Expiatorio.

El mismo Tío Lucas, previniendo que en cualquier momento llegaran los jilotepecanos, hizo otro cristo igual, pero en blanco, por lo que cuando llegaron para rescatar a su cristo, se llevaron la réplica en blanco y fue de la manera que el Cristo Negro se quedó en Salamanca.

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