Los oficios tradicionales de León

Por todo México, es bien sabido cuál es el oficio tradicional de nosotros los leoneses. Orgullosamente somos reconocidos nacional e internacionalmente, por ser excelentes zapateros y fabricantes de productos de piel de la más alta calidad.

Pero esto no quiere decir que es a lo único que nos dedicamos o sabemos hacer ¡no, no, no, para nada! En tierras leonesas son muchos los oficios que se desarrollan.

Desde la época colonial, todos los miembros de las familias tradicionales conformadas por padres, abuelos, hijos, tíos etc., participaban en la producción dentro de los talleres artesanales cuyo conocimiento de los oficios, se transmitían dentro de la misma familia.

Antes de ser famosos zapateros, la ciudad se dedicaba a la agricultura, ganadería, a ofrecer hospedaje en estancias y a vender productos básicos a los arrieros o viajeros que transitaban por la región. Ya que León se encuentra en una zona estratégica en el centro del país lo que favorece el comercio con toda la República Mexicana. Así fue por mucho tiempo hasta a principios del siglo XX, donde la base de la economía local seguía siendo la agricultura y la ganadería.

La industria textil se posicionó como actividad económica de nuestra ciudad en el siglo XIX. Se desarrolló a través de talleres familiares y obrajes que trabajaban con telares tradicionales para hacer tejidos de lana, o en talleres para hacer rebozos de algodón o seda. Estas rebocerías estaban principalmente en los barrios de San Miguel y San Juan de Dios.

En la ciudad también se establecieron talleres un poco más grandes en los que se fabricaba ropa con máquinas tejedoras y años después se inauguraron fábricas de hilo que después hicieron telas.

La herrería también era un oficio familiar que se transmitía por herencia y estaba vinculada a la producción de objetos domésticos y herramientas de trabajo, charrería y carrocerías. Las fraguas se ubicaban principalmente en el barrio del Coecillo. 

La fabricación de zapatos se remonta a la época colonial, e inició con talleres pequeños y familiares que hacían calzado bajo medida. Los indígenas y mulatos andaban descalzos o con huaraches y curiosamente, por eso la demanda no era muy grande en aquella época. Tiempo después, la modernidad trajo cambios drásticos en las costumbres, entre ellos, el utilizar zapatos como sinónimo de urbanidad, incrementando ahora sí, la demanda en la fabricación de los mismos.

Y ¿qué sería de León sin la piel? La industria de la curtiduría estuvo presente en León desde su fundación, particularmente en el Barrio Arriba por la cercanía con las fuentes de agua.  

En la década de 1920, el gobierno federal aumentó los impuestos a las importaciones de pieles finas y fortaleció la exportación de cueros crudos. Esta decisión impulsó la industria curtidora de la ciudad colocándola al mismo nivel que la fabricación de calzado que ya se trabajaba.

Durante el siglo XIX, y de manera más acelerada en el siglo XX, la producción artesanal y las actividades comerciales de la ciudad se fueron diversificando. Afortunadamente supimos aprovechar nuestra ubicación en el mapa, desarrollando la manufactura de textiles, herrería, curtiduría y especialmente la zapatería.

León es una ciudad que, afortunadamente, a lo largo de su historia ha sabido adaptarse a nuevos retos económicos y comerciales a través del trabajo constante y dedicado de todos nosotros, sus habitantes.

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